Transiciones energéticas en Chile: en busca de futuros diversos.

En el último año hemos escuchado cómo Chile se ha transformado el país líder de las energías renovables. El desarrollo de las llamadas Energías Renovables No Convencionales (en adelante ERNC), en particular la energía solar, pasó de ser una consideración ambiental y social, a ser una oportunidad de inversión, desarrollo y crecimiento. Es así como lo señala la Política Energética 2050 (con una ambiciosa meta del 70% de generación proveniente de fuentes renovables incluyendo hidro), el Programa Estratégico Solar de Corfo, y como lo aseveran varios ranking internacionales, el último de ellos de la consultora Ernst & Young, que posiciona para Mayo del 2016 a Chile como el 4to país más atractivo del mundo para la inversión en ERNC.

Según indica CIFES Corfo (ver figura, fuente reporte mensual Cifes Mayo 2016), en su informe de Mayo del 2016, hay un gran dinamismo en las inversiones y desarrollo de proyectos en ERNC, especialmente la energía solar. Y como se repite en círculos especializados, este boom de energías renovables no es el resultado de programas de apoyo del tipo subsidios o feed-in-tariffs, como los casos del Energiewende Alemán (Renn & Marshall 2016) o la fallida transición energética en España (Gómez et al. 2016).

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Adicionalmente, se observa una disminución de los costos marginales de la electricidad durante el 2015, lo que, según el ministerio, se explica por las el impulso a las inversiones en generación que incluyen, en gran parte, el desarrollo de proyectos solares y otras ERNC[1] (Revista Energía). Este efecto, sin embargo, tiene consecuencias positivas y negativas.  Carlos Barría, en un reciente artículo de Bloomberg argumenta que el “primer boom de las energías renovables ya terminó”. La disminución del precio del cobre y los problemas de interconexión entre los Sistemas Interconectados Central y Norte Grande (SIC y SING) son, se acusa, las principales razones del fin de este boom. En el mismo artículo, Rafael Mateo de Acciona S.A, atribuye al desorden en el desarrollo de proyectos – qué es definido, hasta hoy, por el mercado y con baja o nula participación de los territorios – al exceso de inversión y la baja de los costos de la energía. Es más, esta falta de planificación se ve reflejada en los “perdedores” de la baja del precio de la energía, como es el caso de las empresas geotérmicas que han tenido que salir del país.

Más allá de la contingencia, el panorama presentado nos deja con dos grandes preguntas.  La primera se relaciona con las causas del presente boom de las energías renovables en Chile, que se relacionan con cómo las ERNC pasan de ser una tecnología de nicho a considerarse una promesa y oportunidad para el país. La segunda tiene que ver son la sostenibilidad en el largo plazo de esta transformación,  y si efectivamente la energía logra constituir un motor de desarrollo (sostenible y equitativo) como lo propone la Política 2050 entre sus pilares esenciales. En el discurso oficial, las causas de este cambio hacia las ERNC se explican por los considerables cambios y mejoras regulatorias a las que ha sido sujeto el sector eléctrico en los últimos años (para un buen resumen, ver Central Energía), sumado a la madurez de sector solar fotovoltaico que ha influido en una disminución de los precios y aumento en su competitividad.

Sin embargo, podemos buscar una explicación distinta, no sólo entendiendo las dinámicas de mercado como cuasi-autónomas, sino haciendo evidente que los cambios que existen tanto en regulación como en el mercado son el resultado de acciones particulares y colectivas, asociadas a (cambios en) imaginarios, creencias y elecciones políticas que le dan forma a estos mercados – con sus inclusiones y exclusiones propias. Se hace útil referirse a la teoría de transiciones socio-técnicas, en el cual se entiende que en la transformación de un  “gran sistema socio-técnico” como es energía, tecnologías alternativas y promisorias comienzan a competir con tecnologías dominantes [2], a través de un proceso que va desde el desarrollo “nicho”, que es protegido y guiado”, hasta la adopción en “regímenes” en los cuáles se vuelven “competitivas” (Schot & Geels 2008; Geels 2005). Es decir, una o un set de tecnologías, como son la solar, eólica, mareomotriz o geotérmica, comienzan como experimentos locales, donde se genera aprendizaje tecnológico, regulatorio, económico, institucional, etc. Estos pequeños experimentos muestras los distintos contextos y configuraciones de viabilidad de estas tecnologías, y hacen visibles las transformaciones sistémicas necesarias para su masificación. Asimismo, estas configuraciones de viabilidad se transforman en promesas y visiones tecnológicas, las que permiten la circulación –virtual – de estas ideas en espacios más amplios. La generación y estabilización de estos “nichos” se explica, entre otros elementos, por la circulación de visiones y expectativas que desafían el status quo.

Por ejemplo, las visiones sobre una matriz limpia y no dependiente de energía nuclear fueron esenciales en dar forma y legitimidad política  a la transición energética alemana (Aykut 2015). Así mismo, ideas de autonomía energética y energías limpias dan sostenibilidad a proyectos de comunidades energéticas desarrollados alrededor del mundo (Seyfang et al. 2013; van der Schoor & Scholtens 2015). Estas expectativas y visiones se vuelven relevantes a medida que circulan y se comparten a través de varios sectores de la opinión pública; se materializan a través de prototipos, estudios, discursos, etc., que discuten su viabilidad, volviéndose puntos necesarios de referencia y discusión (Brown & Michael 2003; Konrad 2006; van Lente et al. 1998). La circulación de visiones es esencial en transformaciones sistémicas y disruptivas, que requieren de importante inversión pública y privada en I+D, coordinación entre actores e instituciones y legitimidad social, como el caso de las celdas de hidrógeno (Bakker & Budde 2012; Budde et al. 2012). En este aspecto, la energía solar en Chile se presenta no sólo como una alternativa más de generación, sino también como una oportunidad estratégica para el desarrollo basada en innovación. Rodrigo Castillo, director ejecutivo de la Asociación de Empresas Eléctricas, en una reciente edición del puente energético de CNN compara el desarrollo actual de la energía solar fotovoltaica con el primer “boom & crash” de Internet, antes de su estabilización. Argumenta que el desarrollo de una tecnología disruptiva pasa necesariamente por estos ciclos en los que el mercado se desestabiliza, pero que finalmente sobrevive. Lo interesante de esta comparación es que efectivamente estos ciclos tienen una función – y un costo- social (Alvial-Palavicino 2016; Gisler & Sornette 2013); obviando que en esta transformación se ha pasado de una estructura distribuida a una estructura mucho más centralizada que en sus comienzos (DeNardis 2012) .

Entonces, se hace necesario abrir una serie de preguntas relacionadas con el rol de estos imaginarios, visiones y expectativas en el desarrollo actual – y el futuro cercano – del desarrollo eléctrico nacional. Por una parte, re-contar la historia del desarrollo de este sector no sólo como un triunfo del mercado, la austeridad y responsabilidad de nuestros expertos, sino como el resultado de las acciones de visionarios tecnológicos, la sociedad civil  y otros actores que cuestionan el status quo, movilizando ideas que en un comienzo pueden parecer altamente improbables. ¿Tienen importancia las visiones anteriores en el desarrollo reciente del sector eléctrico en Chile? En un reciente seminario realizado por la CNE, por motivo del lanzamiento de su anuario estadístico, se calificó la década del 2005-2015 como una década llena de sorpresas y disrupciones. Entre otros eventos, durante este periodo la crisis del gas Argentino y los movimientos sociales en contra de Hidroaysén, hacen de la energía un tema “ciudadano”. Así también, durante este periodo se comenzó a forjar la nueva forma de hacer política energética. En el 2010 se crea el Ministerio de Energía, y emergen iniciativas públicas y privadas que buscan generar un nuevo diálogo energético con orientación hacia el largo plazo. Entre ellas destaca Escenarios 2030, que buscó generar un diálogo energético amplio orientado al futuro y dio base al desarrollo de la política a largo plazo Energía 2050. Es decir, el desarrollo energético pasa de ser un problema de expertos, a un problema de muchos. Y cuando los problemas se vuelven realmente “ciudadanos”, se hace evidente que existen distintas visiones,  marcos y expectativas bajo los que se entiende la  el desarrollo energético.

Los sistemas energéticos son esencialmente orientados al futuro: en base a estimaciones de crecimiento y consumo, se proyecta la demanda, se estima la capacidad de generación y crecimiento de la oferta, y en base a ello se toman decisiones hoy (Beckert 2013).  Es más, el uso de escenarios y otras metodologías de prospectiva es una práctica establecida en energía, para la toma de decisiones tanto públicas como privadas (Gaede & Meadowcroft 2015). Esto, a pesar de que esencialmente no podemos conocer el futuro, que será probablemente distinto de nuestras estimaciones. Puesto que todo conocimiento sobre el futuro es tentativo, y relativo a interpretación, es que cuando queremos entender cómo tomar decisiones sobre el largo plazo se decide hablar de “futuros” (Adam 2011; Nordmann 2014; Konrad et al. in press).   Garud et al. (2010) postula esencial en estas transformación socio-técnicas es la movilización de visiones en las cuales “el pasado, presente y futuro se entrelazan, con un rol activo de actores en la determinación de qué porciones del pasado se quieren movilizar en base a los futuros imaginados” (pg.763). La movilización de estas visiones por “emprendedores institucionales” (Garud & Karnoe 2003) va de la mano de una estrategia de improvisación y aprendizaje de estos actores. Ellos saben que las transformaciones del sistema serán distintas de las que vislumbran al comienzo, por lo que se preparan para estos nuevos cambios. La transformación de un sistema como el energético es esencialmente una “innovación social” (Jolly et al. 2012), pues requiere de cambios que  son tanto sociales como técnicos que conllevan la transformación de las relaciones bajo las que se funda el sistema, por ejemplo, en los cambios desde generación centralizada a generación distribuida, energía comunitaria, el cambio del rol de los consumidores en contexto de Smart grids, autarquía energética, etc.

Esta forma de entender la evolución del sector nos obliga a tener una mirada amplia en entendiendo el actual proceso como una transformación en curso, en la que se han abierto espacios para discutir distintas versiones del futuro que queremos y que es posible para la energía en Chile. Cabe preguntarse entonces ¿Cuál es el rol de las visiones y expectativas que han circulado sobre energía en Chile en los últimos años? ¿Cómo estas visiones han transformado el orden institucional, tanto público como privado? Por ejemplo, que rol juegan las asociaciones de empresas de ERNC como ACERA, las organizaciones sociales como Chile Sustentable y expertos en legitimar una u otra visión? ¿Actualmente en Chile se podrían identificar  “visionarios” en el sector energético, entendidos como actores que presentan visiones radicales y desafían lo establecido? Este podría ser el caso, por ejemplo de la Ruta Solar, u otras que fomentan la idea de ERNC como fuente de innovación y desarrollo sustentable. Más importante, ¿Cómo se definen hoy las visiones viables – y las imposibles – y que espacios de posibilidades se abren/cierran para el desarrollo energético en Chile?

Hermann Scheer, conocido como el padre de la energía solar en Alemania y un gran visionario, solía citar la siguiente frase de Schopenhauer.

Toda verdad pasa por tres etapas. Primero se ridiculiza. Segundo, es violentamente opuesta. Y tercero, es aceptada como evidente.

Referencias

Adam, B., 2011. Wendell Bell and the sociology of the future: Challenges past, present and future. Futures, 43(6), pp.590–595.

Alvial-Palavicino, C., 2016. The Future as Practice. A Framework to Understand Anticipation in Science and Technology. TECNOSCIENZA: Italian Journal of Science & Technology Studies, 6(2), pp.135–172.

Aykut, S.C., 2015. 3 Energy Futures from the Social Market Economy to the Energiewende. The Struggle for the Long-Term in Transnational Science and Politics: Forging the Future, p.63.

Bakker, S. & Budde, B., 2012. Technological hype and disappointment: lessons from the hydrogen and fuel cell case. Technology Analysis & Strategic Management, 24(6), pp.549–563.

Beckert, J., 2013. Imagined futures: fictional expectations in the economy. Theory and Society, 42(3), pp.219–240.

Brown, N. & Michael, M., 2003. A Sociology of Expectations: Retrospecting Prospects and Prospecting Retrospects. Technology Analysis & Strategic Management, 15(1), pp.4–18.

Budde, B., Alkemade, F. & Weber, K.M., 2012. Expectations as a key to understanding actor strategies in the field of fuel cell and hydrogen vehicles. Technological Forecasting and Social Change, 79(6), pp.1072–1083.

DeNardis, L., 2012. Hidden Levers of Internet Control. Information, Communication & Society, 15(5), pp.720–738.

Gaede, J. & Meadowcroft, J., 2015. A Question of Authenticity: Status Quo Bias and the International Energy Agency’s World Energy Outlook. Journal of Environmental Policy & Planning, 7200(December), pp.1–20.

Garud, R. & Karnoe, P., 2003. Bricolage vs. breakthrough: distributed and embedded ageny in technology entrepreneurship. Research Policy, 32(2), pp.277–300.

Garud, R., Kumaraswamy, A. & Karnøe, P., 2010. Path Dependence or Path Creation? Journal of Management Studies, 47(4), pp.760–774.

Geels, F., 2005. Processes and patterns in transitions and system innovations: Refining the co-evolutionary multi-level perspective. Technological Forecasting and Social Change, 72(6), pp.681–696.

Gisler, M. & Sornette, D., 2013. Early Dynamics of a Major Scientific Project: Testing the Social Bubble Hypothesis. SSRN. Available at: http://ssrn.com/abstract=2289226.

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Konrad, K. et al., The Future in STS: Performativity, Temporality and Anticipation. In C. A. Miller et al., eds. The Handbook of Science and Technology Studies, 4th edition.

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Schot, J. & Geels, F.W., 2008. Strategic niche management and sustainable innovation journeys: theory, findings, research agenda, and policy. Technology Analysis & Strategic Management, 20(5), pp.537–554.

Seyfang, G. et al., 2013. A Grassroots Sustainable Energy Niche? Reflections on community energy case studies. 3S Working Paper, 2013(21).

[1] El gobierno atribuye esta baja a un aumento de la competencia, más que a la variabilidad hídrica y disminución de precio del petróleo; sin embargo, esta disminución sólo tendrá efectos en las cuentas de consumidores residenciales en el mediano y largo plazo, se aclara LINK: Balance 2015.

[2] Se entiende como tecnología dominante aquella que define las “reglas” de un sector tecnológico (legislación, mecanismos de toma de decisiones, formas de formular y resolver problemas). Por ejemplo, se considera que la generación eléctrica está en general organizada para grandes centros de generación (como nuclear, gran hidroeléctrica o termoeléctrica) en contraste con generación distribuida e intermitente como solar o eólica.